“Así que te vas a Barcelona… allí no entenderás nada, os hablarán ‘ba, bu, ba, bá’”. José, o Joselito, como todos lo llamaban en el pueblo, no entendía por qué el futuro suegro de su hermano le estaba diciendo esas cosas. No estaba muy seguro, pero parecía que se burlaba emitiendo esos sonidos guturales sin sentido… quizás era así como sonaba cualquier idioma que no fuera el español. O quizás quería meterle el miedo en el cuerpo por el viaje que iba a emprender, pero la verdad era que, a sus ocho años y medio, otras tribulaciones mucho más importantes ocupaban su cabeza.
