Las reflexiones más personales sobre los viajes y las lenguas
Miro por la ventana del coche y no veo. No veo los campos amarillos de trigo ya cortado ni los ventiladores gigantes que transforman el viento en energía. No veo los otros coches pasar conducidos por historias. No veo los camiones de matrículas ilegibles que agradecen y saludan con su idioma propio de intermitentes ni veo la gente que pasea tranquila por las aceras de los pueblos que cruzamos.
Miro y no veo, sólo recuerdo.
