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Mujer y lengua: la fuente de la transmisión

por tresmilv
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Ante las atrocidades que el noá u hombre blanco ejercía sobre su pueblo, como lo era el castigo de cortar la punta de la lengua a las niñas y niños que sorprendían hablando en su idioma nativo, el pueblo chaná decidió tomar medidas para ocultar sus conocimientos, y así evitar que cualquier rasgo de su identidad llegara a ser reconocido por el enemigo. Su estrategia fue crear un “pacto de silencio” donde su lengua y la cosmovisión que la envuelve fuera transmitida únicamente entre las mujeres. Aquella hija que más inquietud mostrase hacia su cultura se convertiría en la adá oyé nden, la “guardiana de la memoria”, a la cual se le instruía en todo lo concerniente a la cultura, a la lengua y a la historia del pueblo chaná.

fuente: Andina difusión

Este es solo un ejemplo, desde un pueblo indígena del norte de Argentina, del papel de la mujer en la transmisión y conservación de las lenguas minorizadas.  Un ejemplo explícito, en el que directamente se le da a la mujer el total poder de encerrar en sí mismas, como se haría con cualquier tesoro material en una cámara secreta, la cosmovisión de un pueblo. La mujer siempre ha sido el canal esencial de la transmisión generacional de las lenguas minorizadas. Esto no es una consecuencia natural de nuestro género, como todas sabemos, es fruto de la división sexual del trabajo y sus roles establecidos en los que el hombre trabajaba fuera del hogar mientras la mujer se mantenía como ama de casa. Esto provocó que las madres fuesen las principales responsables de la educación y transmisión de valores a sus hijas e hijos en sus primeros años de vida y, como no, de su lengua.

Pero la mujer no ha sido únicamente un motor imprescindible en la divulgación de las lenguas desde su figura como madre. Hoy en día, y desde que somos conscientes de las consecuencias tan nocivas que conllevan los imperialismos culturales -como lo es la desaparición de las lenguas originarias del mundo-, muchas mujeres luchan por la preservación y revitalización de su lengua y su cultura desde campos como la política, la literatura o la educación. Mujeres, en muchos casos, triplemente minorizadas por su lengua, su género y su etnia. Verdaderas revolucionarias que pese a todos los impedimentos luchan diariamente contra las imposiciones culturales, el patriarcado y el racismo.

Mery -Livingston, Guatemala-
Fotografía: Alejandro Amador

Mery es una de estas luchadoras. Mujer garífuna, promotora y divulgadora de la cultura y lengua de su pueblo, tuvo que sufrir durante cuarenta años la prohibición de comunicarse en el idioma que expresan sus sentimientos. Mery ha sido una figura de gran importancia en la lucha por el reconocimiento de la lengua garífuna como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad que se consiguió en 2001.  Hoy, sus estudios de magisterio le permiten llevar su cultura a las aulas de una forma profesional y fuera de la clandestinidad. Mery sigue siendo una activista lingüística en sus ratos libres para toda persona que se acerque con inquietud.  Su hijo, influenciado por la energía y fuerza de su madre, escribe letras de rap en lengua garífuna, combinando las nuevas corrientes musicales con los ritmos caribeños y africanos tradicionales.

Juanita – Keköldi, Costa Rica-
Foto: Alejandro Amador

Juanita es Maestra de la cultura Bribri, pero no en una escuela ni de forma profesional. Juanita es maestra desde la perspectiva de la cosmovisión indígena: una mujer que dedica sus días a la enseñanza de su lengua y su cultura, de una forma específica y atenta, con el único fin de transmitir y propagar su sabiduría ancestral. Aunque su lengua nativa era totalmente oral, Juanita cree en el poder de la escritura como estrategia de conservación. Ha publicado cuatro libros en su vida para inmortalizar, de algún modo, la historia de su pueblo. Ha sido la presidenta de la asociación por los pueblos indígenas de Keköldi (Costa Rica), al mismo tiempo que lidera las reuniones del INAMU (Instituto de la Mujer), donde se intenta capacitar y empoderar a las mujeres que provienen de etnias minorizadas, al mismo tiempo que trabajan en el aprendizaje de su cultura.

Mery y Juanita son sólo dos ejemplos entre miles de mujeres en todos los continentes que hoy, de una forma consciente de sus actos y de lo que estos significan, dedican sus días a perpetuar un legado cultural que nos enriquece a todos. Más allá de ser o no madres, son mujeres que luchan por conseguir que las nuevas generaciones crezcan más justas, feministas, respetuosas con sus raíces y amantes de su diversidad. Ellas, que solo su propia existencia es resistencia, ya forman una gran ola a nivel mundial de mujeres que, incluso sin conocerse, pelean juntas.

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