Ante las atrocidades que el noá u hombre blanco ejercía sobre su pueblo, como lo era el castigo de cortar la punta de la lengua a las niñas y niños que sorprendían hablando en su idioma nativo, el pueblo chaná decidió tomar medidas para ocultar sus conocimientos, y así evitar que cualquier rasgo de su identidad llegara a ser reconocido por el enemigo. Su estrategia fue crear un “pacto de silencio” donde su lengua y la cosmovisión que la envuelve fuera transmitida únicamente entre las mujeres. Aquella hija que más inquietud mostrase hacia su cultura se convertiría en la adá oyé nden, la “guardiana de la memoria”, a la cual se le instruía en todo lo concerniente a la cultura, a la lengua y a la historia del pueblo chaná.
