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Mitología catalana (I): Los Pirineos y el norte

por tresmilv
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Montañas escarpadas, picos vigilantes, cuevas, saltos de agua, bosques profundos… el Pirineo catalán y sus proximidades son un entorno muy propicio para ser escondite de seres fantásticos e historias oscuras. Aquí os contamos algunas.


Los Pirineos y el norte de Cataluña encierran centenares de cuentos, personajes fantásticos y leyendas, empezando por la propia creación del macizo. Según la mitología griega, los Pirineos fueron creados por Heracles o Hércules, cuando amontonó enormes piedras para enterrar a su amada, la princesa Pirene. Y en las entrañas de esta tumba trágica y romántica, de este lugar de paso y a la vez tan aislado, han surgido mil historias con mil protagonistas. Algunos son deidades prehistóricas, otros gigantes; también hay brujas, seres surgidos de la naturaleza, monstruos y protectores. Subiendo montañas, andando por los bosques, visitando monumentos y escuchando las palabras de los habitantes del lugar, podréis conocer a algunos de ellos.

Els Golluts

Más que unos seres fantásticos, los golluts eran humanos reales alrededor de los cuales se desarrolló un aura de misterio. Este grupo de personas, localizado por primera vez en Ribes de Freser, vivía aislado en diversos lugares del Pirineo y se creía que era una raza perdida de las montañas. Medían poco más de un metro y presentaban grandes protuberancias en el cuello, así que cuando alguien del lugar se topaba con ellos la respuesta era el rechazo y el miedo. Pero la causa de su aspecto se debía a las duras condiciones en las que vivían: una alimentación deficiente con carencia de yodo afectaba a su desarrollo y les causaba la enfermedad del bocio –goll en catalán, de ahí su calificativo–. Los golluts desaparecieron misteriosamente a finales del siglo XIX, y ya nada más se supo de ellos… aunque quizás si nos adentramos en las montañas pirenaicas nos crucemos con alguno.

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Los golluts vivían aislados en los Pirineos. Imagen de Michel Uché en Pixabay

La Molsosa

Este es un espíritu femenino de los bosques, la divinización de la humedad vegetal. Su nombre proviene de la palabra molsa –musgo en castellano–, y siempre ha tenido una relación amor-odio con los carboneros, cuyo oficio consistía en cortar árboles para conseguir carbón vegetal. La Molsosa se vengaba de la tala cubriendo los troncos de humedad, mientras que ellos realizaban un ritual al inicio de la campaña para proteger la leña de sus efectos. Pero a la vez ella los protegía de los incendios, como sigue haciendo ahora, siempre cuidando del bosque. A veces descrita como una especie de bestia y otras como una ninfa cubierta de musgo, lo cierto es que las leyendas del Pirineo afirman que los hombres del bosque se apareaban muchas veces con ella, y es que otro de sus rasgos es su ardiente empeño por ser madre.

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La Molsosa cubriendo el bosque de musgo. Imagen de hilavoku en Pixabay

El Puigmal

El Puigmal es la montaña más alta y emblemática del valle de Nuria, el nombre de la cual proviene de puig ­–monte– y mal –daño–. Eso nos dice que es un lugar de difícil acceso, pero lo que muchos no saben es que el Puigmal es también, según la mitología catalana, un gigante convertido en montaña que en tiempos muy remotos vivía cubierto de un manto de nieve en un territorio donde no accedían los humanos. Cuando la caza empezó a escasear, un hombre se adentró en sus dominios y el gigante le transmitió la sabiduría de los dioses, enseñándole a domesticar a los animales, a ordeñar y a hacer queso. Cuenta la leyenda que, más tarde, al llamado Mal Caçador se le despertaron de nuevo los instintos atávicos de destrucción y rompió la armonía entre humanos y bestias, lo que despertó la ira del Puigmal. Desde entonces, este cazador está condenado a vagar eternamente, persiguiendo presas que nunca llega a alcanzar.

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El Puigmal, entre la Cedanya y el Ripollés. Imagen de makunin en Pixabay

Patge Fumera

Si visitáis en invierno las comarcas del Gironés, el Alt Empordà o el Baix Empordà, es posible que oigáis hablar del Patge Fumera. También si vais a Vallespir o el Rosselló, territorios situados al sur de Francia, pero históricamente vinculados a Cataluña. Con la llegada del frío este ser nebuloso se encarga de vigilarnos, sobre todo a los niños y niñas, para ver si nos hemos portado bien y somos merecedores de los regalos de los Reyes Magos. Este especial paje –patge en catalán– entra y sale de las casas a través de nuestro patio de luces o nuestra chimenea –fumera es una manera de decir esta palabra, que viene de fum, humo–. El Patge Fumera tiene cuatro orejas, dos a cada lado, y siete ojos, cuatro delante para observar el futuro y tres detrás, para no perder de vista el pasado. De hecho, una frase que siempre se dice sobre él es que “tot ho veu, tot ho escolta i tot ho xerra”: todo lo ve, todo lo oye y todo lo cuenta. Cuidado, pues, con este desagradable delator.

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El Patge Fumera se cuela en forma de humo por las chimeneas. Imagen de Free-Photos en Pixabay

La Pesanta

La Garrotxa es tierra de volcanes, paisajes rurales y pueblos medievales. Tambiés es uno de los principales lugares por los que deambula La Pesanta, uno de los personajes más espeluznantes de la mitología catalana. Este ser fantástico, esta alma en pena con forma de bestia negra y peluda, se cuela en nuestras casas cuando dormimos y se acurruca encima de nuestro pecho, dificultando la respiración y provocándonos angustia y pesadillas. Es solo una teoría, pero puede que por eso se llame Pesanta y que su nombre sea una variación de la palabra pesant –que pesa mucho–. Huele nuestros miedos más profundos, les sigue el rastro hasta tocarlos… pero, si nos despertamos, se escurre rápidamente por la ventana. De día se esconde en iglesias abandonadas o en casas en ruinas y, por la Garrotxa, dicen que también en los cráteres de los volcanes.

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Los volcanes de La Garrotxa, escondrijo diurno de La Pesanta.
Imagen de Carquinyol from Badalona, Catalunya, CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons

Un mundo infinito que se manifiesta a través de la tradición oral, las costumbres y festividades. En las bestias de fuego –bèsties de foc–, tantas como pueblos tiene Cataluña, en cada pico de montaña, hoja de árbol y porción de tierra. En 2017, un libro recoge por primera vez a todos los seres de la mitología catalana según su origen geográfico: El gran llibre de les criatures fantàstiques (Ed. Comanegra), escrito por Joan de Déu Prats e ilustrado por Maria Padilla.

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