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Lago Atitlán: Las lenguas de los volcanes

por tresmilv
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Un lunar azul intenso se rodea de volcanes en el oriente Guatemalteco, siluetas en forma de cono entre los que se esconde el sol dejando estelas de color del fuego. Doce son los pueblos que los habitan y tres las lenguas que los describen. En Panajachel, la cultura maya se ramifica en su diversidad lingüística.


Si buscas el corazón de la cultura maya, Guatemala es tu destino. No es necesario que inviertas tu tiempo en buscar la esencia de esta cultura milenaria, la tradición ancestral te encuentra en cada esquina, retratada en su paisaje. Llenando de vida las calles, mujeres jóvenes de trenzas infinitas de color negro azabache recuerdan como el peinado que sus abuelas utilizaban para cargar con estabilidad las cestas llenas de maíz, o sus coloridos trajes, que desfilan como cuadros itinerantes y que son un estandarte para su pueblo. Sus rasgos, su color y su mirada, orgullosas de sus raíces mesoamericanas. La cultura maya se desborda en Guatemala, soportando los imperialismos culturales, vital y empoderada, reflejando esa peculiar idiosincrasia de los pueblos precolombinos que hoy aún resisten en Latinoamérica.

Lago Atitlán, Sololá, Guatemala

En Guatemala conviven veintiuna lenguas mayas; tres de ellas se hablan en los alrededores del Lago Atitlán: Quiché, kaqchikel y tz’utujil. Este lago es el accidente geográfico más importante del departamento de Sololá, sus 18 km de longitud están amparados por tres volcanes: Atitlán, Tolimán y el volcán San Pedro. El significado de la palabra «Atitlán» deriva etimológicamente del náhuatl, es un topónimo  que se estructura en la siguiente forma: Atl significa «Agua»,y Titlan significa «entre». La palabra Atl («agua») pierde su terminación «tl» para unirse con titlan («entre»), por lo tanto, la palabra «Atitlán» se traduce como «entre las aguas». Pese a la invasión turística y la influencia de muchas otras corrientes culturales, las lenguas mayas se han mantenido como el principal vehículo de comunicación para los habitantes del lago, separadas de forma natural por volcanes, como es el caso de la lengua tz’utujil en el pueblo San Juan de la Laguna o el maya kaqchiquel que se encuentra en gran medida en Santiago de Atitlán.

San Juan de la Laguna es uno de los pueblos más visitados y poblados de los alrededores del Lago Atitlán. La artesanía es una de las principales fuentes de ingreso de la localidad, un rincón donde los pintores y las tejedoras moldean su historia y su cosmovisión entre tejidos y acuarelas. Estos artistas se inspiran en la tradición, muy lejos de los surrealismos o los exotismos, el alimento mítico como el maíz, los campesinos o la recolección del cacao son los temas principales en los que basan su arte. También la historia y la denuncia social tiene su hueco en la artesanía del lago; se puede observar como en muchas pinturas las mujeres retratadas dan la espalda al espectador, y no es casualidad, pues esto es un guiño a esas mujeres que durante la guerra apartaban su cara a los fotógrafos del ejército, en señal de desprecio, que buscaban congelar en imágenes a los indígenas para tenerles localizados.

Santiago de Atitlán, Sololá, Guatemala

Panajachel, municipio en el que se encuentra el Lago Atitlán, recibe miles de turistas al año. Estos aterrizan en el departamento de Sololá atraídos por el paisaje del lago y la cultura maya que lo envuelve. Los visitantes llenan sus mochilas de mantas, collares y pinturas indígenas, pero la cultura intangible es una oferta sin competencia; la elaboración de las tortas de maíz por las mujeres locales, que inundan el aire de sonidos de palmadas, es un recuerdo que se puede vender. El atardecer en el lago es una experiencia inigualable. Cae la noche, la luna se refleja en un lago que ahora es de color negro. Los artesanos caminan entre angostas calles, iluminadas por un cielo despejado que bebe en orillas donde el agua descansa entre piedras volcánicas. Abren las puertas de sus casas, donde les espera la vida familiar, donde ya no hay que forzar un inglés aprendido para vender al turista, ni ese español que jamás fue la lengua con la que se sentían identificados. Un momento íntimo en el que la cultura resbala en las gargantas, floreciendo de forma espontánea, sin pretender ser vista y valorada por el extranjero. El Lago Atitlán y sus lenguas mayas resisten, pero nada es impenetrable para los imperialismos culturales, Guatemala también sufre ese posible desplazo por las corrientes occidentales. La masificación del turismo puede llegar a acabar con las lenguas locales, pues estas no están incluidas en los tour ni son un posible souvenir. El pueblo maya se ve presionado por aprender idiomas como inglés o francés para subsistir, pues el turismo es el principal motor económico para muchas familias.

Hoy se mantienen vivos. El Lago Atitlán mantiene a flote la cultura maya, 500 años resistiendo con una lengua ancestral que los hablantes niegan a dejar en el olvido.

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